La Escuela de Amigos de Monteverde celebra la vida y la influencia de este innovador educador costarricense, que enseñó a dos de nuestro personal actual.  Eugenio Vargas comparte esta escritura “en celebración de una vida dedicada a la siembra de principios universales.”

“Adquirí un compromiso de trabajar por el respeto a toda clase de personas y por la tolerancia a los diferentes valores culturales y credos religiosos, esto con el fin de contribuir a la paz en el mundo”

Hilda Chen Apuy E. descansó en paz esta semana. Nació en la ciudad de Puntarenas en 1923; hija de un inmigrante de China, José Chen, y de Rafaela Espinoza, costarricense. Costa Rica ha recibido a inmigrantes de muchas partes del mundo en su historia. Puntarenas fue la puerta de entrada para los viajeros por barco antes que hubiera un aeropuerto internacional en el país.

En una época en que las niñas tenían pocas oportunidades de estudio fuera del hogar, sus padres hicieron todo lo que estaba a su alcance para que Hilda y su hermana continuaran estudios más allá de la escuela primaria. Entonces su familia se trasladó a Heredia y así fue como en 1942 Hilda se graduó de Profesora de Enseñanza Primaria en la Universidad de Costa Rica (UCR). Sin embargo, el Ministerio de Educación no le dio un puesto de maestra “porque no habían plazas disponibles” aunque todos sus compañeros hombres si fueron nombrados maestros.[1] Entonces ella buscó una beca para seguir estudios internacionales en artes. En 1943, Mount Holyoke College en Massachusetts le otorgó una beca para estudios de Filosofía y Letras, siendo la primera mujer latinoamericana admitida en dicha Universidad.

“El destino me puso en camino hacia otras oportunidades de estudios superiores, cuando en Costa Rica se me negó el trabajo de maestra en las escuelas primarias…Ese fue mi primer viaje al extranjero, en un tiempo en el cual muy pocas mujeres costarricenses se atrevían a viajar al exterior para continuar sus estudios.[2]

Pocos años después, la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, por sus siglas en inglés) le otorgó otras becas para continuar con su especialización en estudios Orientales para la mutua comprensión entre Oriente-Occidente. Esta nueva oportunidad la llevó hasta universidades de México, India (Banaras Hindu University) y Los Países Bajos durante cinco años.[3]

La vida de Hilda Chen en verdad fue un puente para la conexión entre personas de mundos culturales muy diversos entre sí y para el enriquecimiento de unos y otros con este conocimiento recíproco de valores y artes. Luego de completar sus programas como becaria de la UNESCO, fue profesora de la UCR durante más de 40 años. Carlos Acuña, profesor de español y Estudios Sociales en la Escuela de Los Amigos recuerda a Hilda y su voz dulce como profesora de varios de sus cursos.

En el 2006 Mount Holyoke College le otorgó un Doctorado Honoris Causa en Letras Humanas y en su disertación Hilda dijo:

Cada institución educativa en la cual he estudiado, iniciando en la Universidad de Costa Rica, agregó algo muy valioso en mi preparación, no solamente en cuanto a formación académica, pero además en el enriquecimiento personal, de este modo, contribuyendo a mi filosofía de la vida y los valores para ser útil durante los años siguientes. Por consiguiente, adquirí un compromiso de trabajar por el respeto a toda clase de personas y por la tolerancia a los diferentes valores culturales y credos religiosos, esto con el fin de contribuir a la paz en el mundo”.[4]

 

“La discriminación es miedo a lo desconocido”, dijo a este medio –La Nación- en 2004. “Soy pacifista desde joven. En tercer año del colegio hice una composición en que les pedía a los padres que no les compraran pistolas de juguete a sus hijos porque los estaban enseñando a matar. La paz me preocupa mucho, sobre todo porque de nuevo veo guerras basadas en la ignorancia sobre otras culturas”.[5]

Su libro “De la vida, el amor y la amistad. Un puente entre culturas” es una compilación de sus reflexiones donde Hilda compartió sus visiones, experiencias y esperanzas para toda la humanidad. Aquí unas palabras tomadas de su artículo final en este libro:

“Como el sembrador, tiramos la semilla con la esperanza de que germine, crezca y dé sus frutos; pero a diferencia del agricultor que espera pacientemente recoger la cosecha, el maestro sabe que los frutos de su acción no le pertenecen. De igual manera que los hijos deben aprender a volar con sus propias alas, el discípulo tendrá que seguir su propio camino…

 

Algún día, cuando lleguemos al final de sendero, diremos con alegría: las manos no están vacías; la tarea se ha cumplido; las semillas se han sembrado y los frutos son de todos: estamos en paz”.[6]

[1]De la vida, del amor y de la Amistad: Un puente entre culturas”, Editorial UCR, 2008

[2]  https://www.mtholyoke.edu/media/2006-commencement-3. Honorary Degree Address by Hilda Chen Apuy ’44. May 28, 2006

[3] “De la vida, del amor y la amistad: un puente entre culturas”, Editorial UCR, 2008

[4] https://www.mtholyoke.edu/media/2006-commencement-3. Honorary Degree Address by Hilda Chen Apuy ’44. May 28, 2006

[5] La Nación 11/12/2017 : http://www.nacion.com/viva/cultura/fallecio-hilda-chen-apuy-ganadora-del-premio/VLYRN24P7BC4FLNGEHXOM5W57Y/story/

[6]  “De la vida, del amor y de la Amistad: Un puente entre culturas”, Editorial UCR, 2008