Ever wondered what we mean when we say that Monteverde Friends School “strives to lay a foundation of solid intellect, the pursuit of truth, and the values necessary to contribute to a peaceful and just society?” Just read this Independence Day speech about nationalism by our grade 11 student Cristina Herrera and you’ll see. (FYI, she wrote and shared this in Spanish, but then translated it herself into English – both versions below).

Nationalism: Being Patriotic in the Face of Uncertainty

Independence Day celebrations are part of the traditions of many free nations. It is a day full of pride and happiness; of parades, songs and stories; of symbols and reflections that inspire us to be better citizens or that at least remind us that we are part of something greater than ourselves. Every Tico remembers having spent the afternoon of the 14th of September cutting out and painting empty shoeboxes to make lanterns that they would later show off at the Independence Eve lantern parade, together with all the other kids of the neighborhood. We also love seeing dozens of hands bring the Independence torch to Costa Rica and carry it into every town, and seeing our flag go up while we sing the anthems and other beloved songs from our country.

However, there is an enormous difference between enjoying the Independence Day festivities and truly understanding what these civic events represent. We ask ourselves ever more frequently, what purpose does ser patriota (being patriotic) serve in the XXI century? Is it at all useful to be loyal to a country that has marginalized many throughout its history? Is it worthwhile to love a country so small when the globalized world offers many other more attractive options?

The meaning of patriotism has changed through history and differs from country to country. On one hand, patriotism has been used to persuade people to kill and to be killed at the whims of others. On the other hand, patriotism has been used to avoid defending the interests of the impoverished masses, of the minorities and of the marginalized groups. We must introduce a new definition of what it is to love and be loyal to a country.

Ser patriota means to be honest with yourself. Being patriotic is to confront the most disagreeable, backward and violent aspects of our country, and to be willing to attack and root them out forever.

Being patriotic is to stop believing that Costa Rican independence included every inhabitant of our territory, and to stop thinking that the promise of freedom was fulfilled for everyone. Ser patriota is to stop telling ourselves fairy tales that allow us to be passive consumers who do not think any further than the packages in front of them.

Let us not confuse being patriotic with being a nationalist fanatic. Nationalism is pure emotion and no action; it is saying that you love Costa Rica on one hand, and contributing to destroy its social, cultural and environmental patrimony on the other. On the contrary, being patriotic is a deeply moral position. It involves making the necessary sacrifices to build a society that is sustainable, united and strong in face of the changes that this century will bring about. It means loving this land because its people and its wonderful resources are inseparable from our identities as individuals and as communities.

Nationalism in action: MFS student waves Costa Rican flag at Independence Day parade

MFS student waves Costa Rican flag at Independence Day parade

We, the students present here today, will have to tackle the greatest crisis in the history of humanity. We have inherited a world about to collapse because of unscrupulous material demands, a world polluted and poisoned by those who promised prosperity for all. For decades, we have believed again and again that with only a bit more of a push we would get to the level of “prosperity” of the richest nations in the world –ignoring, of course, that the planet does not have enough resources to sustain such extravagant living standards.

The time has come for us to focus on building stronger communities, more capable of judging what is good for them and of making better decisions because they know each of their members. Let us localize rather than globalize.

Globalization is nothing more than the last glimmer of an era that could never understand the subtleties of a world beautiful in its diversity and strong in its austerity. In a planet at the limit of its oil reserves, its usable water sources, and its fertile soils, we must rescue the beauty and strength of thinking “small.” Being patriotic today means understanding that we have to rethink and redefine our idea of the kind of “prosperity” we want for Costa Rica, our national community, this small country we all love.

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Sobre ser patriota en tiempos de incertidumbre

Las celebraciones del Día de la Independencia son parte de las tradiciones de muchas de las naciones libres. Son días llenos de orgullo y alegría; de desfiles, canciones y cuentos; de símbolos y reflexiones que nos inspiran a ser mejores ciudadanos, o que al menos nos recuerdan que somos parte de algo más grande que nosotros mismos. Todos los ticos recordamos pasar la tarde del catorce construyendo faroles con cajitas de zapatos, recortándolas y pintándolas, para más tarde ir al desfile de la víspera de Independencia a exhibir nuestro farolito con todos los chiquillos del vecindario; también amamos ver decenas de manos traer la antorcha de la independencia hasta Costa Rica, o ver el pabellón erguirse mientras cantamos himnos y canciones queridas de nuestro país.

Sin embargo, hay una enorme diferencia entre apreciar las celebraciones del Día de la Independencia, y verdaderamente creer en lo que representan estos actos cívicos. Cada vez más seguido nos preguntamos, ¿para qué sirve ser patriota en el siglo XXI? ¿Para qué sirve serle leal a una patria que ha marginado a muchos en su historia? Y más que todo, ¿para qué sirve amar a un país tan chiquito cuando el mundo globalizado ofrece opciones mucho más atractivas?

El significado del patriotismo ha cambiado a lo largo de la historia, y difiere de acuerdo con cada país. El patriotismo ha sido utilizado para convencer a la gente de matar y morir por los caprichos de otros. Por otro lado, el patriotismo ha sido utilizado para no defender los intereses de las masas dominadas, de las minorías y de los grupos marginados. Lo que debiéramos proponer es una nueva definición de lo que significa amar y ser leal a nuestro país.

Ser patriota es ser honesto con uno mismo. Ser patriota es poder enfrentar los aspectos más desagradables, atrasados y violentos de nuestro país y estar dispuestos a atacarlos desde la raíz. Ser patriota es dejar de creer que la independencia de Costa Rica incluyó a todos aquellos dentro del territorio, dejar de creer que la promesa de la libertad se cumplió para todos. Es dejar atrás los cuentos que nos contamos a nosotros mismos, aquellos que nos condenan a ser consumidores pasivos que no piensan más allá de lo que tienen en frente envuelto en un paquete colorido.

No confundamos ser patriota con ser un nacionalista fanático. El nacionalismo es puro sentimiento y nada de acción; es decir, que se diga amar a Costa Rica, por un lado, y contribuir a la destrucción de su patrimonio social, cultural y ambiental, por otro. Ser patriota, en cambio, es una posición profundamente moral. Es llevar a cabo los sacrificios necesarios para construir una sociedad sostenible, unida, y fuerte frente a los cambios que traerá este siglo. Es amar esta tierra porque su gente y sus riquezas son inseparables de nuestra identidad como individuos y comunidades.

Los estudiantes aquí reunidos tendremos que enfrentar la crisis más grande en la historia de la humanidad. Hemos heredado un mundo al borde del colapso por su afán de crecimiento material sin límites, ensuciado y envenenado por aquellos que prometieron prosperidad para todos. Por décadas hemos jurado y rejurado que si tan solo empujamos un poquito más, podremos alcanzar el nivel de prosperidad de las naciones más ricas del mundo—ignorando, por supuesto, que el planeta no cuenta con los recursos suficientes para sostener tal estilo de vida.

Ha llegado la hora de que nos enfoquemos en construir comunidades fuertes, más capaces de juzgar lo que les conviene a ellos mismos y a cada uno de sus miembros. Aspiremos a la localización, no a la globalización. La globalización no es más que el último destello de una era que nunca pudo entender los matices de un mundo hermoso en su diversidad y fuerte en la austeridad. En un planeta al borde del límite de sus reservas de petróleo, de sus fuentes de agua utilizable, en fin, de todos sus recursos, debemos rescatar la belleza y fuerza de pensar “en pequeño”. Ser patriota en nuestros tiempos significa entender que tenemos que repensar y redefinir nuestra idea de lo que significa el desarrollo que queremos para Costa Rica, nuestra comunidad nacional, esa pequeña patria que amamos.